Abalanzóse de un salto sobre el hacha y la sacó de debajo del banco, donde descansaba entre dos leños; enseguida, y sin salir de la portería, se la metió en el nudo corredizo, se guardó ambas manos en los bolsillos y se fue. ¡No lo había visto nadie! "Cuando la inteligencia falla, el diablo la sustituye", pensó, con extraña sonrisa.
Fiódor M. Dostoievski - "Crimen y Castigo"

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